La isla

Hace cientos de años un volcán emergió de la mar, provocando la mayor explosión que el planeta ha conocido hasta nuestros días. Desde el Mediterráneo catapultó roca a los pueblos de Asia; su columna de humo alcanzó los cuarenta kilómetros de altitud, y su estruendo recorrió desde las costas portuguesas hasta las dunas de Persia. La lluvia de magma llegó al cielo de Egipto, y el tsunami que acompañó a la erupción extermino todo rastro de civilización en Creta.
Hoy en día la isla vive con cautela a los pies del volcán. Las sendas de escalinatas serpentean por las laderas de los acantilados, recorriendo las barriadas de casitas blanquiazules, que salpican roquedas y peñascos, desafiando la gravedad.
Las aguas verdosas acarician sus playas de arena negra, y la bruma que los cráteres levantan del mar humedece los viñedos y las flores que colorean los balcones rotos que penden de los abismos.
Los geólogos aseguran que el planeta volverá a rugir, y el archipiélago verá emerger antiguas ruinas, mientras parte de sus campos desaparecerán bajo las aguas. Los isleños y los gatos que pueblan sus terrazas y callejuelas aguardan la tormenta de fuego, confiando en sobrevivirla, y así poder reconstruir de entre las cenizas sus nuevos hogares.
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